Mi primer viaje a New York – Última Parte

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Sigue mi viaje a New York. Después del Yankee Stadium me esperaba en la casa mi prima favorita, es como la hermana que nunca tuve que me fue a buscar con su familia para pasarme una semana en Connecticut. Nunca me imaginé que al fin de cuentas me enamoraría de Connecticut, dejando la gran manzana atrás.

Recogí mi maleta, saqué los quesos de la nevera, porque ya me estaban esperando en el parqueo. Ese día fue que conocí a Nacho. Él es el perro de mi prima, otro que me robo el corazón, parece que a él también le caí bien, porque me demuestra más cariño que muchos de mis familiares. (¡Fuego!!).

Todo el camino fue una aventura. Además de los excelentes anfitriones que me iban informando de cualquier cosa que pudiera encontrarme interesante, también preguntaba sin pensarlo. Dicen que quien maneja en República Dominicana maneja en todos los lados, pero eso es mentira. Una persona que está acostumbrada a andar de forma correcta puede manejar en cualquier lado, porque el problema no eres tú. Pero quien está acostumbrado a manejar mal, no se acostumbra fácilmente a manejar en el orden, porque el problema no son los demás, eres tú. En el camino conocí el puente Throgs Neck Bridge y tiré 31 fotos. New York y Connecticut son totalmente diferentes. New York es la ciudad que ven en las películas, muchos edificios, ruidos, turistas, autos, etc. (Aunque no todo el mundo vive en Manhattan, que es la parte que siempre presentan en las películas). Connecticut es más calmado, con mejores paisajes, mas naturaleza y tranquilidad. La colonia de Connecticut fue la primera subdivisión localizada en lo que es actualmente Estados Unidos de América en poseer una Constitución escrita, por eso le dicen Connecticut, the constitution state. (Copié ese chin de Wikipedia).

Cuando llegamos a la casa, todos se quedaron dentro del vehículo, y cuando abrieron la puerta del garaje había un cartel de bienvenida que decía “Welcome to CT (CT = Connecticut)”.Inmediatamente el esposo de mi prima me dio un pequeño tour por la ciudad. Me enseño donde sus hijos practican el futbol, la playa, su escuela, donde trabajan, etc. La verdad que la guía turística estuvo 1A. Esa noche fuimos a cenar a un restaurante que se llama Olive Garden, pues mi prima sabía que siempre había querido ir ahí, porque en todos los juegos de pelota en la TV ponían el jodido anuncio de Olive Garden. En ese restaurante pasé una muy graciosa. La mesera estaba preguntando a cada quien en la mesa lo que iban a ordenar, yo tenía unos nervios por hablar inglés en frente de todos que no tenía ni hambre. Cuando llegó mi turno ordené todo muy bien hasta que me preguntaron “¿Suporsalad?” Y yo no entendí ni pio. Después de repetírmelo mas al paso, me di cuenta que la comida que pedí venia acompañada de Sopa o ensalada.

Al otro día, el día # 5, fuimos a uno de los mejores parques de diversiones, SixFlags. Todo el camino iba preocupado, pues nunca me había montado en una montaña rusa. Mi primito rellenó sus tenis con papel, disque para aumentar de tamaño, para poderse montar en las montañas rusas. Antes que nada, lo primero que hicimos fue comer. Después que no me cabía más comida, me di cuenta el error que había cometido.

Llenarme la pansa hasta mas no poder antes de montarte en la montaña rusa. Primero nos montamos en todas las atracciones acuáticas, incluyendo en el Bonzai Pipelines, que son como unos toboganes, con la particularidad de que están muy altos, y te encierran en un tubo transparente parado, cuentan hasta 3, y el piso desaparece, quedas en el aire y te vas por el tubo igual que Mario Bross. Iba tan rápido que no podía mover la cabeza, en un momento sentí que Salí volando por el aire, y era que ya había llegado al final.

Al principio tenía miedo, pero pensé. Nunca pensé que llegaría hasta aquí, para mí era algo imposible. Y ya que estoy aquí me lo voy a gozar como si no hubiera mañana, y así lo hice. Además, estos gringos no son locos. Estas montañas rusas salen en Discovery Channel y no tengo tanta mala suerte para que se rompan precisamente cuando yo esté en ellas. La experiencia de montarse en una montaña rusa es indescriptible, te falta el aire, se te apaga el corazón, pero después que pierdes el miedo la primera vez, lo disfrutas al máximo y quieres más y más. Después del Yankee Stadium fue la mejor aventura de mi vida.

En el día numero #6 me dieron otro tour por la ciudad de Groton y New London, me presentaron la escuela secundaria de uno de mis primos, un tour por la Universidad de Connecticu (UConn), por General Dynamic, donde hace submarinos para la marina de Estados Unidos, la ciudad de Mystic, etc.

Al día # 7 Nos fuimos de compras, ya que hay que llevarle algo a la familia.

El día # 8 fuimos a StarBucks a probar el famoso y caro café. Ese día en la mañana fuimos a donde otra prima a bañarnos en la piscina y tomar el sol. Cerca de su casa encontré algo que me dejó con la boca abierta. Al lado de la carretera vimos un letrero que decía “Make today Great” Fresh Egs $3” (Has que hoy sea grandioso, huevos frescos a $3). Lo que me sorprendió fue, que había una nevera llena de huevos, y dentro estaban los huevos y el dinero que dejaban las personas que ya habían comprado. ¡Que seriedad!

En la tarde fuimos a una granja que se llama Buttonwood Farm, donde venden helado hechos con leche fresca, y también tienen unos laberintos hechos con flores del sol, hermosísimos, en el que puedes caminar mientras te comes tu helado. Es increíble la fila que hubo que hacer para comprarlo. Puedes leer más en un post que escribi acerca de mi visita a esa granja, AQUI

El día 9 fue otra aventura. Fuimos al parque acuático llamado Brownstone Park, este parque está en un gran lago, lleno de trampolines, ziplines, skies, puedes escalar paredes, y muchísima aventura. Ahí conocí unos helados que se llaman Dipping Dots, son como bolitas de helado hechas con nitrógeno líquido, y cuando la pruebas se te quedan pegadas de la lengua.

 

El décimo día, y mi último en Connecticut visitamos el Hotel y casino Mohegan Sun, impresionante lugar. Hay de todo, desde tiendas, una arena para hacer conciertos, de todo un poco. Luego de eso llego el día de regresar a NY porque ya regresaría a República dominicana.

Cuando mis primitos estaban más pequeños siempre llorábamos en las despedidas. Pero esta vez fue diferente (Aunque no puedo decir que se me salieron las lágrimas.) Ellos me dijeron que ya no estaban tristes porque ellos podían ir y yo podía ir a su casa a visitarlos. Mi papá se inventó la frase que dice que “La alegría del reencuentro es mayor que la tristeza de la despedida”. Antes de ellos regresar a su casa, nos dimos un abrazo de grupo.

Ya en mi último día, el vuelo era a las 3 de la tarde. Pero antes fuimos a Manhattan a dar un paseo, pues no podía irme si ver el famoso Central Park. En el camino a Central Park vi el edificio de The New York Times, El City Field de los Mets de New York, El aeropuerto La Guardia y el famoso hotel Waldorf Astoria, donde grabaron la película de Mi Pobre Angelito.

El central park es inmenso y hermoso. Increíble que en esa selva de cemento haya tan importante pulmón natural, no lo pudimos andar completo y tomamos un taxi de los amarillos, para llegar hasta donde habíamos dejado el carro de mi hermano.

Después de esa rápida salidita, nos dirigimos al aeropuerto JFK y me di cuenta de lo grande que es. Para que tengan una idea, en el 2014, el aeropuerto del Cibao transportó a 1,226,646 pasajeros y tiene 1 terminal. El JFK transportó a 53,254,362 pasajeros y cuenta con 9 terminales.

Después de despedirme de mi hermano pasé el susto de mi vida al pasar por seguridad. Cuando se va a pasar por los rayos X, se debe sacar las laptops o cualquier aparato electrónico que tenga dentro. Yo novato al fin, deje mi laptop y un PlayStation que había comprado. Inmediatamente llegó un policía se puso su mochila como si fuera de él y comenzó a caminar. Le caí atrás con los tenis y la correa en la mano.

Después de revisar todo en busca de drogas, ántrax, bombas y todo lo malo que se pueda imaginar, me dijo: para la próxima saca todo de la mochila. Puedes irte. Y me dejo la mochila abierta en una mesa con todos mis coroticos esparcidos. Después de eso seguí a la sala de espera. Me di cuenta que era ahí por el número, y porque estaban todos los dominicanos haciendo bulla.

Todos sabemos que la tecnología está avanzada, pero cuando te montas en un avión y ese aparato despega con tanta fuerza cargando más de 300 maletas, 300 bultos, 200 pasajeros, agua, etc. Con una fuerza descomunal, te das cuenta que la tecnología es más que computadoras, celulares y televisiones plasma. Esta vez sí sentí que me mareé un poco, porque el avión inmediatamente despegó realizo unos giros bien prolongados. El vuelo fue bueno. Es como ir en un autobús.

A mi lado se sentó una mujer muy nerviosa, porque les tenía miedo a los aviones. Ya me tenía cansado de hablar y yo tenía tanto sueño porque no había dormido nada en esos 11 días. Yo me ponía los audífonos para “para escuchar música” y ella me los quitaba para seguir hablando y me pedía disculpa, pero que estaba muy nerviosa. Finalmente vi las luces de mi paisito, Puerto Plata, y a los 5 minutos ya estábamos en Santiago. Qué bonito es mi país desde lo alto. Desde allá no se ven los problemas, ni la corrupción, ni la violencia, ni la mala educación, ni la doble moral. Con todo y eso nunca había estado tan feliz de regresar a casa. Aplaudimos cuando llego el avión. Inmediatamente recibí un mensaje de mi novia, de mi amigo, que ya estaban esperándome. Al salir del avión, se llega a un pasillo y luego llegas a una escalera que te lleva a migración. Te piden el pasaporte, lo sellan y te dan la bienvenida. Luego pasas a buscar la maleta en una correa giratoria y para afuera.

Que feliz estaba, al igual que la sangre, nuestra bandera y el nombre de República Dominicana corre por nuestra sangre, y estaba feliz de estar de vuelta. Cuando llegamos a la casa inmediatamente puse la laptop para enseñarles a mi familia todo el recorrido así mismo como se los conté a ustedes.

Home sweet home – Hagar Dulce hoar. Puedo decir que este viaje a new york me cambió la vida, me gustaría que cada quien pueda vivir esta experiencia.

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Odesto Polanco

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